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En mi primer artículo voy a hablar de una forma muy resumida del “manguito de los rotadores” y su principal patología.

El “manguito de los rotadores” está compuesto por los tendones de cuatro músculos que van desde la escápula hasta la cabeza del húmero. Tres de ellos se originan en la parte posterior de la escápula y son los músculos supraespinoso, infraespinoso y redondo menor, los cuales se encargan de realizar la rotación externa del brazo (por ejemplo, separar las manos con los codos flexionados y pegados cada uno a un lado del cuerpo). El músculo que queda es el subescapular, que se origina en la parte anterior de la escápula y se dirige también a la cabeza humeral, siendo su principal función la rotación interna (tocarnos el ombligo con la palma de la mano o rascarnos la zona lumbar de la espalda). Además de estos movimientos, también van a servir como soporte estructural y estabilizadores de la articulación del hombro.

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La lesión del manguito de los rotadores es una causa frecuente de dolor en el hombro. El dolor puede ser secundario, entre otras causas, a la rotura de alguno de estos tendones. La incidencia de roturas del manguito de los rotadores aumenta con la edad y son más frecuentes en el hombro dominante y en determinadas profesiones, sobre todo aquellas en las que se está mucho tiempo con los hombros levantados (peluqueros, mecánicos, jardineros, agricultores, etc.). El aporte sanguíneo del manguito disminuye con la edad y de forma transitoria con ciertos movimientos y actividades. Esta disminución del aporte sanguíneo contribuye a la degeneración del tendón y a su posterior rotura.

Por otra parte, los movimientos repetidos de levantar los brazos por encima del hombro pueden comprimir el tendón contra el acromion, que es un hueso que está por encima haciendo de techo. Estos microtraumatismos repetidos tienen un papel en la génesis de las roturas del manguito. El tendón que con más frecuencia se rompe es el del supraespinoso.

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El síntoma más frecuente de estas roturas es el dolor en la zona anterior y lateral del hombro, siendo más intenso cuando realizamos actividades con los brazos por encima de la cabeza y cuando el tendón todavía no se ha roto del todo. También se puede apreciar debilidad en la extremidad afectada.
La exploración física por parte del médico va a ser de gran utilidad. Existen muchas maniobras a nuestra disposición que ponen en evidencia la lesión de uno u otro tendón, orientándonos a la hora de pedir más pruebas complementarias. La radiografía simple no va a aportar mucha claridad en esta patología, aunque es necesario hacerla para descartar otras patologías y para ver algunos signos indirectos que, una vez más, nos van a orientar hacia esta patología, pero no a confirmar una rotura. La resonancia magnética es hoy en día la prueba más fiable para diagnosticar esta patología, ya que proporciona imágenes anatómicas que permiten ver la rotura, y si esta es parcial o completa . La ecografía también puede ser una prueba muy útil, casi tanto como la resonancia, pero siempre que la haga personal cualificado.

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Todas estas pruebas nos van a servir también para descartar otras entidades que comparten algunos de sus síntomas, como la tendinosis del manguito de los rotadores, una bursitis o una artrosis de la articulación del hombro.

El tratamiento conservador es el tratamiento inicial en la mayoría de las roturas parciales (las más frecuentes) e incluso puede ser efectivo en algunas roturas totales. Este incluye reposo, modificación de la actividad, antiinflamatorios orales, utilización de cabestrillo, crioterapia y fisioterapia. Más o menos la mitad de los pacientes encuentran alivio del dolor y están satisfechos con los resultados. Hay que tener cuidado de no confundirla con otra patología, porque la infiltración de corticoides (que podría estar indicada en otros procesos) resulta perjudicial en la rotura del manguito, ya que el corticoide va a inhibir la formación de colágeno, produciendo una atrofia del tendón y disminución de su capacidad de reparación.

El tratamiento quirúrgico está indicado en aquellas roturas que no responden adecuadamente al tratamiento conservador y que provocan dolor, debilidad y pérdida o limitación de la movilidad. El objetivo del tratamiento quirúrgico es la reinserción del tendón lesionado en la cabeza humeral. Esta intervención se puede llevar a cabo mediante artroscopia o mediante una cirugía abierta, en función de las características de la rotura y de la experiencia del cirujano. Varios estudios no han demostrado diferencias significativas respecto al alivio del dolor entre la cirugía artroscópica y la cirugía abierta. La intervención, la mayoría de las veces, consiste en hacer una sutura del tendón roto, obteniéndose buenos resultados.

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El tratamiento quirúrgico va a obtener peores resultados en pacientes mayores de 65 años, fumadores y diabéticos. Entre las complicaciones de la cirugía nos encontramos con rigidez del hombro, infección de la articulación, lesiones de otras estructuras y fracaso de la reparación. Pero no todo manguito roto debe ser intervenido.

Espero haberos ayudado a entender, aunque sea a grandes rasgos, esta patología tan frecuente.
¡Saludos!

Daniel Escobar, Médico de Cirugía Ortopédica y Traumatología

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